Mujeres

Las picoteras de Pedraza

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Hace algunos años el río Magdalena se metió a Pedraza. La inundación llegó hasta las últimas casas de bahareque y tierra de esta población ribereña, a pocos kilómetros de Calamar, Atlántico, y estropeó buena parte de los enseres de sus habitantes. Entre ellos los álbumes fotográficos.


Años después, el historiador local Álvaro Rojano, se dio a la tarea de reconstruir la historia de las mujeres de su pueblo. Había descubierto que, a lo largo de medio siglo, habían sido ellas quienes habían liderado la llegada y expansión de la cultura del picó en el municipio. Y como no había fotos que dieran fe de lo ocurrido, Rojano decidió explorar los archivos de la Registraduría Municipal de Pedraza.


Luego de pasar horas fisgoneando entre folios y archivadores, Rojano dio con las fotos de las mujeres que, desde mediados de los años cincuenta, administraron los principales bares y fondas del municipio y promovieron el culto picotero. Alrededor de estos enormes parlantes, se aglutinaron bebedores y tomadores, jugadores de rana y dominó, en un ritual que rápidamente remplazó a las bandas de vientos y que posesionó al vallenato como ritmo cotidiano de esta zona del Magdalena. 


Las primeras picoteras de Pedraza fueron Griselda Fernández Molinares y Mercedes Osorio Molinares. Luego vino la legendaria Francisca Zabaleta, dueña del picó El Trupillo. A ‘Pachita’ la recuerdan caminando por las calles de Pedraza al amanecer de cada parranda, cobrándole a todos los bebedores que la noche anterior se habían endeudado con la picotera por tener prendido durante una hora el sistema de sonido. 


La tercera semana de agosto de 2018 murió la última de las grandes picoteras de Pedraza. Se llamaba Digna Martínez, y la reputación de su picó, El Barrigón, aún persiste en la memoria del pequeño pueblo. Su sobrino, Alcibiades Martínez, la recuerda enérgica, trabajando día y noche, en lo que fue el principal referente nocturno de Pedraza. Alcibiades fue el principal DJ del Barrigón, y aún hoy en la cocina con piso de tierra de su casa, guarda maltrecha la colección de vinilos que por años compró en Discolombia, la mítica bodega musical de Barranquilla.